miércoles, 25 de enero de 2012

El 2 de mayo de 1808









La Guerra de la Independencia(1808-1814)

La crisis de 1808:
Guerra de Independencia y revolución política


La Guerra de la Independencia
Muy pronto se hizo evidente para todos que la entrada consentida de las tropas napoleónicas se había convertido en una ocupación de nuestro país. Consciente finalmente de este hecho, Godoy tramó la huida de la familia real hacia Andalucía y la Corte se desplaza a Aranjuez.

Allí sus planes se van a ver frustrados. El 19 de marzo de 1808 estalló un motín popular organizado por la facción de la Corte partidaria del Príncipe de Asturias. El Motín de Aranjuez precipitó la caída de Godoy y, lo que fue más importante aún, obligó a Carlos IV a abdicar en su hijo con el título de Fernando VII.

El enfrentamiento entre Fernando y Carlos IV tenía un único árbitro posible. Con lastropas del general Murat en Madrid, Napoleón llamó a padre e hijo a Bayona en Francia y les forzó a abdicar en su hermano José Bonaparte. Fueron lasAbdicaciones de Bayona por las que los Borbones cedieron sus derechos a Napoleón.

Tratando de atraerse a la opinión ilustrada, el nuevo monarca José I publicó el Estatuto de Bayona, Carta Otorgada que concedía algunos derechos más allá del absolutismo.

Ante la evidencia de la invasión francesa, el descontento popular acabó por estallar: el 2 de mayo de 1808 se inicia una insurrección en Madrid abortada por la represión de las tropas napoleónicas. Los días siguientes los levantamientos antifranceses se extienden por todo el país. Se inicia la Guerra de la Independencia (1808-1814).

Las abdicaciones de Bayona y la insurrección contra José I significaron una situación de "vacío de poder" que desencadenó la quiebra de la monarquía del Antiguo Régimen en España. Para hacer frente al invasor, se constituyen Juntas Provinciales, que asumen la soberanía en nombre del rey ausente. En septiembre 1808, las Juntas Provinciales se coordinaron y se constituyó la Junta Central Suprema. Pese a que gran parte de los miembros de estas juntas eran conservadores y partidarios del Antiguo Régimen, la situación bélica provocó la asunción de medidas revolucionarias como la convocatoria de Cortes.

Tras el levantamiento general contra los invasores, las tropas españolas consiguieron algún triunfo como la victoria de Bailén en julio de 1808. Para poner fin a la insurrección, el propio Napoleón, al frente de 250.000 hombres,vino en otoño a la península ocupando la mayor parte del país, excepto las zonas periféricas y montañosas donde se inició la "guerra de guerrillas"contra el ejército francés.

Durante seis años, se enfrentaron el ejército francés, con el apoyo de los "afrancesados", y la guerrilla española, formada por antiguos militares españoles y campesinos, ayudados por el ejército británico enviado a la península (Peninsular War).

1812 fue el año decisivo. El ejército del general británico Wellington con elapoyo de españoles y portugueses infringió sucesivas derrotas a los franceses (Arapiles, San Marcial). Tras la catástrofe de la Grande Armée en Rusia, un Napoleón completamente debilitado devolvió la corona a Fernando VIIpor el Tratado de Valençay (diciembre de 1813). Las tropas francesas abandonaran el país. La cruenta Guerra de la Independencia tocaba a su fin.

sábado, 21 de enero de 2012

El reinado de Carlos IV (1788-1808)

La crisis del Antiguo Régimen en España se inició en el reinado de Carlos IV (1788-1808) que supuso el fin de la etapa reformista de la Ilustración. Las causas de la crisis se debieron a los graves problemas de la hacienda real que llevaron a la quiebra de la monarquía absoluta, así como a la difusión de las nuevas ideas ilustradas y al ascenso de la burguesía, deseosa de alcanzar el poder político y realizar reformas para acabar con los obstáculos que impedían el crecimiento económico en el Antiguo Régimen.
Carlos IV mantuvo el equipo político de su padre Carlos III, pero se encontró a poco de subir al trono con el estallido de la Revolución Francesa (1789). El miedo a la difusión de las ideas revolucionarias llevó al gobierno de Floridablanca a cerrar las fronteras, congelar las reformas ilustradas y realizar una campaña de censura de la propaganda revolucionaria. El conde de Aranda, su sucesor, adoptó una postura más moderada. En 1792 Carlos confió el poder a Manuel Godoy, un joven militar plebeyo favorito de la reina Mª Luisa. La alta nobleza y la Iglesia lo odiaban por sus reformas (desamortización eclesiástica, con la que pretendía resolver los problemas hacendísticos, y control de la Inquisición) y también los sectores ilustrados porque se vieron sustituidos en el favor real.
Godoy, acabando con la neutralidad de Aranda, declaró la guerra a Francia en 1793 cuando Luis XVI fue guillotinado, y se alió con Inglaterra. Tras la derrota española y la paz de Basilea (1795) se reinició la amistad tradicional con Francia. Godoy firmó en 1796 con Napoleón el Tratado de San Ildefonso por el que España se vio envuelta en la guerra contra Inglaterra. El almirante Nelson destrozó en Trafalgar (1805) a la escuadra franco-española, lo que supuso el hundimiento del poderío naval español.
Un nuevo tratado con la Francia napoleónica se firmó en octubre de 1807: el Tratado de Fontainebleau por el que se autorizaba el paso de tropas francesas por España con el pretexto de invadir Portugal, país aliado de los británicos que se había negado al bloqueo continental contra Inglaterra. El objetivo era el reparto de Portugal (la del sur sería para Godoy). Fue la excusa para la invasión francesa de la Península española.

miércoles, 18 de enero de 2012

Los nacionalismos. El movimiento obrero y la 1ª Internacional.

LA PRIMERA INTERNACIONAL (AIT)

El nacimiento de la AIT hay que situarlo en el contexto de la industrialización del continente europeo. Después de medio siglo de luchas obreras para conseguir mejoras sustanciales en las condiciones de trabajo y de vida, la aparición de ideologías revolucionarias como el marxismo y el anarquismo (capaces de movilizar a los obreros y de dotarlos de un programa claro de medios y objetivos), será un factor determinante del desarrollo del internacionalismo obrero. La AIT será, al menos en sus objetivos, la primera tentativa consciente y coherente de organizar a la clase obrera a nivel internacional, para luchar contra el sistema económico capitalista. Los objetivos revolucionarios en el largo plazo (la conquista del poder político o la destrucción del capitalismo), no serán incompatibles con la lucha a corto plazo para alcanzar mejorar reales en la situación de la clase obrera. De ahí el doble componente, reformista y revolucionario, de sus estatutos.

En los estatutos de la AIT afloran principios ideológicos y estratégicos propios de la doctrina marxista (Marx fue quien redactó el manifiesto inaugural) y de la doctrina anarquista. La dificultad para hacer compatibles ambas doctrinas (con sus diferencias en cuanto a estrategia y fines), la rivalidad entre sus principales líderes, Marx y Bakunin, así como la dura represión que se abatirá sobre el movimiento internacionalista tras la Comuna de parís de 1871, explican el declive y crisis de la AIT. No obstante, su disolución en 1876 no pone fin al internacionalismo obrero, sino que abre un paréntesis para la renovación y el impulso definitivo del mismo a partir de 1889, cuando se cree la II Internaiconal.

La expulsión de los anarquistas de la AIT, supone el triunfo de las tesis marxistas en la dirección del movimiento internacionalista. No obstante, los anarquistas seguirán creciendo a través del desarrollo de sindicatos y, como ya hemos visto, una minoría apostará por las vías violentas para provocar la caída del capitalismo y el triunfo de la revolución proletaria y campesina.

lunes, 16 de enero de 2012

El Consulado (1799-1804)

El Consulado (1799-1804)

La Constitución de año VII, redactada por Pierre Danou y promulgada el 25 de diciembre de 1799, estableció un régimen autoritario que concentraba el poder en manos de Napoleón Bonaparte, para supuestamente salvar la república de una posible restauración monárquica. Contrariamente a las Constituciones anteriores, no incluía ninguna declaración sobre los derechos fundamentales de los ciudadanos. El poder ejecutivo recaía en tres cónsules: el primer cónsul, designado por la misma Constitución, era Napoleón Bonaparte, y los otros dos sólo tenían un poder consultivo. En 1802, Napoleón impuso la aprobación de un senadoconsulto que lo convirtió en cónsul vitalicio, con derecho a designar su sucesor.
 El 18 de mayo de 1804 (28 de floreal del año XII),  un nuevo senadoconsulto proclamó el Primer Imperio y la extinción de la Primera República, cerrando con esto el capítulo histórico de la Revolución francesa.

domingo, 15 de enero de 2012

Palabras de Napoleón el 11 de noviembre de 1816

"Una de las ideas que más me ocuparon había sido la reunión, la concentración de los mismos pueblos geográficos que las revoluciones y la política han disuelto y dividido; de manera que contándose en Europa más de treinta millones de franceses, quince de españoles, quince de italianos y treinta de alemanes, hubiera querido hacer de cada uno de estos pueblos un solo cuerpo de nación (...); !Yo me juzgaba digno de tamaña gloria! 
(...) En tal estado de cosas podía haber más probabilidades de conseguir en todas partes la unidad de códigos, de principios, opiniones, sentimientos, ideas e intereses. Acaso entonces, con el apoyo de las luces universalmente extendidas, hubiera sido permitido soñar la gran familia europea (...).
Nadie podría negar que si, al entrar en España, Austria, en vez de declararme la guerra, me hubiese dejado cuatro meses de estancia en España, todo hubiese terminado allí y en tres o cuatro años se habría visto una paz profunda, una prosperidad brillante, y una nación compacta (...).
Como quiera que sea, esta reunión (la de Europa) se hará tarde o temprano (...) el impulso está ya dado, y no creo que después de mi caída y la aparición de mi sistema pueda haber en Europa otro gran equilibrio que la reunión y la confederación de los grandes pueblos."

Palabras de Napoleón el 11 de noviembre de 1816. J. Carpentier y F. Lebrun. Breve historia de Europa. Ed. Alianza.