lunes, 3 de diciembre de 2012

La crisis de 1909 y 1917


La crisis de 1909 y 1917
La Semana Trágica de Barcelona (1909)

Barcelona, corazón en aquella época de la industrialización española, había vivido desde principios de siglo un gran auge de las movilizaciones obreras que había culminado en 1907 con la creación de Solidaridad Obrera, organización anarquista que nació como respuesta a la burguesa y nacionalista Solidaritat Catalana.
Alejandro Lerroux y su Partido Republicano Radical también se desarrollaron en la Ciudad Condal con un programa demagógico y anticlerical.
La Ley de Jurisdicciones de 1906 trajo un reforzamiento del anticlericalismo y antimilitarismo  en la ciudad. La política autoritaria del gobierno de Maura no ayudó a calmar los ánimos.
Sin embargo, fue la guerra de Marruecos, la que determinó el estallido de la Semana Trágica:
Los ataques de los habitantes del Rif contra los trabajadores españoles de una compañía minera llevó a la movilización de reservistas. Las protestas obreras pronto aparecieron en Barcelona y Madrid.
Los primeros choques militares se saldaron con el Desastre del Barranco del Lobo con más de mil doscientas bajas españolas. El día 26 de julio estalló la huelga general en Barcelona, convocada por Solidaridad Obrera y la UGT. Seiniciaron tres días de protestas, quemas de conventos, enfrentamientos con el ejército. La Semana Trágica tuvo un brutal coste humano: un centenar de muertos, heridos, destrucciones... La represión fue muy dura y culminó con el juicio sin garantías y la ejecución de Francisco Ferrer y Guardia, pedagogo anarquista y fundador de la Escuela Moderna.
La Semana Trágica se llevó por delante el programa reformista de Maura. Mientras el PSOE conseguía que Pablo Iglesias fuera elegido diputado en 1910, el liberal  José Canalejas llevó a cabo el último intento regeneracionista dentro del sistema de la Restauración. Sus acción reformista (servicio militar obligatorio en tiempos de guerra, ley del "candado", Ley de Mancomunidades que se vio finalmente frustrada en el Senado) acabó brutalmente con su asesinato por un anarquista en 1912. En adelante, podemos hablar de una crisis permanente de los partidos del turno.
La I Guerra Mundial dividió al país entre aliadófilos (liberales e izquierdas) y germanófilos (derechas conservadoras), pero trajo un periodo de prosperidad económica. España, neutral, pudo convertirse en abastecedora de muchos productos para los países contendientes.
La crisis de 1917
El mal reparto social de los beneficios del boom económico y la creciente inflación llevaron al estallido social y una profunda y compleja crisis en 1917. En ella podemos distinguir diversos aspectos:
  • Crisis militar. 
    El descontento entre los oficiales "peninsulares" ante los rápidos y, a veces inmerecidos, ascensos de los "africanistas" culminó con la creación de las Juntas de Defensa. El gabinete conservador de Eduardo Dato se plegó a la imposición de los militares y aceptó unas juntas que iban contra la disciplina militar y la subordinación del ejército al poder civil.
  • Crisis parlamentaria.
    Setenta diputados y senadores de la Lliga Regionalista, republicanos, socialistas e incluso algún miembro del partido liberal constituyeron en Barcelona unaAsamblea Nacional de Parlamentarios que demandó un cambio de gobierno y la convocatoria de Cortes Constituyentes.
  • Crisis social: la huelga general de 1917
    Convocada en agosto por CNT y UGT tuvo un amplio seguimiento en las ciudades y se saldó con un centenar de muertos y miles de detenidos.
La huelga general, sin embargo, trajo inmediatas consecuencias. Ante la amenaza de revolución obrera, las Juntas de Defensa abandonaron sus peticiones y apoyaron la represión contra los huelguistas. Por otro lado, la dimisión de Eduardo Dato y la formación de un gobierno de coalición con la participación de la Lliga Regionalista trajo la inmediata desactivación de la Asamblea de Parlamentarios.
La lucha social de clases se había convertido en el gran problema del país.
La crisis social y la lucha de clases en Barcelona
El fin de la I Guerra Mundial trajo una profunda crisis económica y social que inmediatamente desencadenó una gran conflictividad social en Barcelona (1919-1921)
Las huelgas y protestas alentadas por los anarquistas se encontraron con una dura represión del nuevo gobierno de Maura, que contaba con el pleno apoyo de la burguesía catalana. Para contrarrestar la "acción directa" de los anarquistas, el sector más duro de la patronal creó el denominado Sindicato Libre, grupo de pistoleros que actuó con el apoyo policial. La aplicación de la "Ley de Fugas", pura y simple ejecución sin juicio de los detenidos exacerbó aún más el conflicto.
La respuesta anarquista llegó en 1921 con el asesinato de Eduardo Dato, presidente del gobierno. Dos años después, el líder anarquista Salvador Seguí murió asesinado.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Regeneracionismo y revisionismo político


La crisis de 1909 y 1917
La Semana Trágica de Barcelona (1909)

Barcelona, corazón en aquella época de la industrialización española, había vivido desde principios de siglo un gran auge de las movilizaciones obreras que había culminado en 1907 con la creación de Solidaridad Obrera, organización anarquista que nació como respuesta a la burguesa y nacionalista Solidaritat Catalana.
Alejandro Lerroux y su Partido Republicano Radical también se desarrollaron en la Ciudad Condal con un programa demagógico y anticlerical.
La Ley de Jurisdicciones de 1906 trajo un reforzamiento del anticlericalismo y antimilitarismo  en la ciudad. La política autoritaria del gobierno de Maura no ayudó a calmar los ánimos.
Sin embargo, fue la guerra de Marruecos, la que determinó el estallido de la Semana Trágica:
Los ataques de los habitantes del Rif contra los trabajadores españoles de una compañía minera llevó a la movilización de reservistas. Las protestas obreras pronto aparecieron en Barcelona y Madrid.
Los primeros choques militares se saldaron con el Desastre del Barranco del Lobo con más de mil doscientas bajas españolas. El día 26 de julio estalló la huelga general en Barcelona, convocada por Solidaridad Obrera y la UGT. Seiniciaron tres días de protestas, quemas de conventos, enfrentamientos con el ejército. La Semana Trágica tuvo un brutal coste humano: un centenar de muertos, heridos, destrucciones... La represión fue muy dura y culminó con el juicio sin garantías y la ejecución de Francisco Ferrer y Guardia, pedagogo anarquista y fundador de la Escuela Moderna.
La Semana Trágica se llevó por delante el programa reformista de Maura. Mientras el PSOE conseguía que Pablo Iglesias fuera elegido diputado en 1910, el liberal  José Canalejas llevó a cabo el último intento regeneracionista dentro del sistema de la Restauración. Sus acción reformista (servicio militar obligatorio en tiempos de guerra, ley del "candado", Ley de Mancomunidades que se vio finalmente frustrada en el Senado) acabó brutalmente con su asesinato por un anarquista en 1912. En adelante, podemos hablar de una crisis permanente de los partidos del turno.
La I Guerra Mundial dividió al país entre aliadófilos (liberales e izquierdas) y germanófilos (derechas conservadoras), pero trajo un periodo de prosperidad económica. España, neutral, pudo convertirse en abastecedora de muchos productos para los países contendientes.
La crisis de 1917
El mal reparto social de los beneficios del boom económico y la creciente inflación llevaron al estallido social y una profunda y compleja crisis en 1917. En ella podemos distinguir diversos aspectos:
  • Crisis militar. 
    El descontento entre los oficiales "peninsulares" ante los rápidos y, a veces inmerecidos, ascensos de los "africanistas" culminó con la creación de las Juntas de Defensa. El gabinete conservador de Eduardo Dato se plegó a la imposición de los militares y aceptó unas juntas que iban contra la disciplina militar y la subordinación del ejército al poder civil.
  • Crisis parlamentaria.
    Setenta diputados y senadores de la Lliga Regionalista, republicanos, socialistas e incluso algún miembro del partido liberal constituyeron en Barcelona unaAsamblea Nacional de Parlamentarios que demandó un cambio de gobierno y la convocatoria de Cortes Constituyentes.
  • Crisis social: la huelga general de 1917
    Convocada en agosto por CNT y UGT tuvo un amplio seguimiento en las ciudades y se saldó con un centenar de muertos y miles de detenidos.
La huelga general, sin embargo, trajo inmediatas consecuencias. Ante la amenaza de revolución obrera, las Juntas de Defensa abandonaron sus peticiones y apoyaron la represión contra los huelguistas. Por otro lado, la dimisión de Eduardo Dato y la formación de un gobierno de coalición con la participación de la Lliga Regionalista trajo la inmediata desactivación de la Asamblea de Parlamentarios.
La lucha social de clases se había convertido en el gran problema del país.
La crisis social y la lucha de clases en Barcelona
El fin de la I Guerra Mundial trajo una profunda crisis económica y social que inmediatamente desencadenó una gran conflictividad social en Barcelona (1919-1921)
Las huelgas y protestas alentadas por los anarquistas se encontraron con una dura represión del nuevo gobierno de Maura, que contaba con el pleno apoyo de la burguesía catalana. Para contrarrestar la "acción directa" de los anarquistas, el sector más duro de la patronal creó el denominado Sindicato Libre, grupo de pistoleros que actuó con el apoyo policial. La aplicación de la "Ley de Fugas", pura y simple ejecución sin juicio de los detenidos exacerbó aún más el conflicto.
La respuesta anarquista llegó en 1921 con el asesinato de Eduardo Dato, presidente del gobierno. Dos años después, el líder anarquista Salvador Seguí murió asesinado.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Biografía de Alfonso XIII

Comenzamos ya, por fín, la Historia del siglo XX y comenzaremos por Alfonso XIII :


Alfonso XIII
Rey de España (Madrid, 1886 - Roma, 1941). Hijo póstumo de Alfonso XII, durante su minoría de edad ejerció la Regencia su madre, María Cristina de Habsburgo-Lorena, quien le dio una educación eminentemente militar. Su reinado se inició al ser declarado mayor de edad en 1902, con el país aún bajo los efectos de la reciente derrota en la guerra contra Estados Unidos y la consiguiente pérdida de los restos del imperio colonial (1898). Juró la Constitución de 1876, pero no puede decirse que ejerciera lealmente el papel de un rey constitucional: desde el comienzo afirmó su voluntad de poder personal y manifestó una inclinación desmedida hacia los militares.

Continuó la política de turno pacífico en el gobierno entre los partidos dinásticos, que se basaba en admitir el sistemático falseamiento de las elecciones: así confió el poder a los conservadores Silvela, Fernández Villaverde, Maura y Azcárraga (1902-05) y luego a los liberales Montero Ríos, Moret, López Domínguez y Vega de Armijo (1905-07).
Posteriormente el rey abrió paso a los intentos de desmontar el caciquismo y modernizar el sistema político desde el Gobierno por parte de los conservadores (Maura, 1907-09) y de los liberales (Canalejas, 1910-12). Con el asesinato de Canalejas empezó a romperse el bipartidismo por la disgregación en facciones de los partidos del turno (gobiernos del liberal Romanones en 1912-13 y 1915-17 y del conservador Dato en 1913-15).
Aquella situación desembocó en la quiebra del sistema de la Restauración a partir de la gran crisis de 1917, en la que se concitaron contra el régimen una huelga general, un movimiento corporativo en el ejército (las «Juntas de Defensa») y una Asamblea de Parlamentarios que reclamaba reformas democratizadoras al margen de las instituciones establecidas. Después del fracaso del Gobierno de Unión Nacional de 1918, el reinado se caracterizó por una gran inestabilidad política (con 13 cambios de gabinete) y social (aumento del terrorismo anarquista). Los nacionalismos aumentaban su influencia y sus demandas. Y la situación colonial se deterioraba en Marruecos con el desastre de Annual (1921).
Alfonso actuó en varias ocasiones en su papel de representante del Estado en el exterior: en 1904 recibió en Vigo al emperador alemán Guillermo II y trató con él sobre la cuestión de Marruecos; en 1907 se entrevistó en Cartagena, para tratar de la situación en el Mediterráneo, con el rey Eduardo VII de Inglaterra, con cuya sobrina Victoria Eugenia (o Ena) de Battenberg había contraído matrimonio el año anterior; en 1913 visitó Francia para ratificar el tratado que repartía Marruecos entre ambos países; realizó otros viajes oficiales a Inglaterra, Francia, Alemania y Austria; y desempeñó un papel relevante en la defensa de la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial (1914-18).
Pero el reinado quedó marcado por la cobertura que prestó don Alfonso al golpe de Estado del general Primo de Rivera en 1923 y la dictadura que éste implantó, decisión que le haría perder el Trono. Insensible a las peticiones de los presidentes de las dos cámaras de que cumpliera sus obligaciones constitucionales, se complació en cambio en visitar con el dictador la Italia de Mussolini (1923). Cuando, acuciado por la oposición interna, cayó Primo de Rivera, el rey encargó formar Gobierno sucesivamente al general Berenguer (1930) y al almirante Aznar (1931); pero el regreso a la normalidad constitucional no era ya posible.
La deslealtad del rey y su compromiso con la pasada dictadura produjeron un vuelco en la opinión pública, que en las elecciones municipales de 1931 se mostró mayoritariamente republicana. Don Alfonso suspendió el ejercicio del poder real (aunque no abdicó formalmente) y abandonó España al tiempo que se proclamaba la Segunda República (1931). Juzgado y condenado en ausencia por las Cortes republicanas, el ex rey se refugió en la Italia fascista y en 1941 abdicó en su hijo Juan antes de morir. Antes había sobrevivido a tres atentados, uno en París (1905) y dos en Madrid (1906 y 1913). Quedó enterrado en Roma hasta que en 1980, restaurada ya la monarquía de los Borbones, su nieto Juan Carlos I hizo traer su cuerpo a España para depositarlo en el Panteón de Reyes de El Escorial.

lunes, 26 de noviembre de 2012


Durante la regencia de María Cristina, España perdió los restos de su imperio colonial. Desde 1895 se libró la fase final de la guerra contra los nacionalistas cubanos, que culminó con el conflicto hispano-norteamericano, cuyo desarrollo se explica en otro lugar. Esta contienda se cerró con el tratado de París, suscrito en diciembre de 1898.
Las repercusiones de estos sucesos tuvieron gran alcance, y sirvieron para sacar a flote las deficiencias del sistema de la Restauración. Cundió la desmoralización, y el ejército, humillado, atribuyó sus insuficiencias a la incuria de los políticos. 
Se puso de manifiesto con todo su dramatismo la injusticia del sistema de servicio militar, las "cuotas", que permitía a los ricos librarse del reclutamiento pagando, con lo que las filas del ejército se nutrían sólo de desheredados. También la llamada cuestión social empezó a dar muestras de virulencia. Los trabajadores de la industria y los servicios componían ya un tercio de la población, y los obreros empezaban a organizarse (fundación de la Unión General de Trabajadores, UGT, en 1888), y entre ellos ganaba adeptos el ideario anarquista (cuya asociación clandestina podía contar en torno a los 40.000 afiliados al comienzo de este período). 
El auge del comercio vinícola terminó al recuperarse los viñedos franceses y al penetrar la filoxera en España. Por otra parte, se había procedido a una plantación masiva de vid en detrimento del trigo, base de la alimentación tradicional, con lo que se produjo una situación de escasez y aun de hambre. La aceptación mundial del aceite de oliva animó considerablemente este sector, pero las peculiaridades que impone la recolección de la aceituna fomentaron el empleo precario y la proletarización de amplias masas del campesinado del Sur. 
Después del Siglo de Oro, la cultura española atravesó un periodo que parece de decadencia por la forzosa comparación con aquella época esplendorosa. En efecto, los siglos XVIII y XIX (última etapa de barroco, neoclasicismo, romanticismo) dieron figuras relevantes, pero en ningún caso comparables con sus ilustres predecesores, y en general por debajo de las personalidades europeas del momento. 

María Cristina de Habsburgo-Lorena con su hijo, el futuro Alfonso XIII.

Sin embargo, en los años finales del siglo XIX comenzaron a manifestarse los síntomas de un renacer que tuvo su expresión en la llamada Edad de Plata, que se extendió a lo largo del primer tercio del siglo XX y que constituyó el momento más creativo de la cultura española después del Siglo de Oro. Si el romanticismo español estuvo claramente por debajo de las manifestaciones de ese ciclo estético en otros países europeos, sus esencias impregnaron los comienzos de la narrativa realista, que tuvo sus máximos exponentes en Fernán Caballero (Cecilia Bohl de Faber, 1796-1877), Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891), José María de Pereda (1833-1906), Benito Pérez Galdós (1843-1920) y Juan Valera (1829-1905). Los tres últimos fueron, sin duda, los mejores novelistas españoles de su época y los máximos exponentes del realismo, técnica de la que se valieron para reflejar magistralmente la atmósfera de la Restauración. Pereda introdujo la novela regional, ambientada en la montaña de Santander, vigorosa en la descripción y que otorgaba protagonismo al paisaje. 
Valera retrató ambientes andaluces con finura y distanciamiento aristocrático, y fue uno de los mejores estilistas contemporáneos. En cuanto a Galdós, era un escritor sorprendentemente prolífico. Sus Episodios nacionales, crónica novelada del siglo XIX español, comprenden cinco series de diez volúmenes. Sus "novelas contemporáneas" retratan magistralmente el Madrid de su tiempo. La corriente realista entró en el naturalismo con Emilia Pardo Bazán (1851-1921), Leopoldo Alas "Clarín" (1852-1901), autor de La regenta, una de las mejores novelas escritas en el siglo XIX, y Armando Palacio Valdés (1853-1938). El naturalismo se prolongó, entrado ya el siglo XX, con Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928). Este período se caracterizó también por el despertar de las culturas regionales, que por vez primera en mucho tiempo emplearon para su expresión sus lenguas propias.
 
El ejemplo más notable lo constituyó Cataluña, cuya Renaixença (o renacer nacional) dio figuras que van de Valentín Almirall (1841-1904), formulador de la doctrina del catalanismo político, al poeta Jacinto Verdaguer (1845-1902), el dramaturgo Angel Guimerá (1849-1924) y una pléyade de artistas de los que el más universal ha sido el arquitecto Antonio Gaudí (1852-1926). Aparte la creación literaria, floreció en esta época la erudición humanística, con Manuel Milá y Fontanals (1818-1884) y Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912). En el terreno de la ciencia, el máximo representante fue Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), que desentrañó la estructura celular del cerebro y sentó la teoría de la neurona, lo que le valió en su momento el premio Nobel. La tecnología, que en España había florecido en el siglo XVIII, retrocedió al quedar el país descolgado de la Revolución industrial. Una personalidad relevante en este campo fue Leonardo Torres Quevedo (1852-1936), ingeniero y matemático, que desarrolló máquinas de calcular singularmente perfeccionadas que se sitúan, por derecho propio, en la protohistoria de la cibernética. 

Josep Puig i Cadafalch; el arquitecto catalán fue una de las figuras representativa de la Renaixença.

La música, que contó con figuras universales en el Renacimiento y el barroco, quedó al margen de la evolución europea. Las formas populares, en particular la zarzuela, fueron responsables en gran medida de ese desarrollo insuficiente. Con todo, también esos géneros menores dieron sus clásicos, en los que se combinaban la honda raíz popular, madrileña preferentemente, y un notable dominio de la técnica. El estreno de La verbena de la Paloma en 1894, obra de Tomás Bretón (1850-1923), podría sintetizar el auge del "género chico", que vino a ser una sublimación genial de los gustos chabacanos y la despreocupación cultural que caracterizaron a la sociedad urbana de la Restauración.