viernes, 11 de enero de 2013

TEXTO: Sobre la Crisis de 1917


Sobre la Crisis de 1917


[ ... ] España, resquebrajada, se rompió; las convulsiones económicas consoli­daron una crisis social latente; burguesía y proletariado quedaron como mundos antagónicos. Las clases conservadoras radicalizaron su postura hacía una reac­ción violenta; con una conciencia política ya formada, los revolucionarios se lan­zaron abiertamente a la conquista del poder. La crisis social desembocó en una crisis política y el país vivió su primera gran sacudida revolucionaria. El año 1917 pudo ser el fin de la Monarquía; ésta se salvó, aunque sólo aparentemente [ ... ]

Toda la agitación que ha sacudido la vida española en 1917 en los que la Corona pasa por momentos de tal inestabilidad que hacen peligrar su permanen­cia. Este pudo ser el final histórico de la Monarquía; soluciones de urgencia la salvaron «formalmente», pero como organismo vivo había dejado de existir. A lo largo de la crisis no sólo se produce el final de la Monarquía constitucional, la consunción definitiva del sistema canovista de la Restauración, sino se verifica, también, el fin de la Monarquía como órgano moderador; las fuerzas en juego ‑en especial, el Ejército‑ pasan a ser las auténticas conductoras de la vida del país. A partir de entonces, la Monarquía es un fantasma, mantenido y utilizado intere­sadamente por ciertos grupos; cuando estos la abandonen (y así ocurre en abril de 1931) se volatizará de repente.



Lacomba Avellán, Juan Antonio (1970): La crisis española de 1917, Madrid, Ciencia Nueva, p. 15, 16 y 287.

jueves, 10 de enero de 2013

TEXTO: El tratado de Algeciras de 1906


El tratado de Algeciras de 1906

«La Conferencia de Algeciras fue una solución inter­media. Francia y España fueron a ella para hacer imperar la idea de que sólo a ellas correspondía efectuar las ges­tiones que fueran precisas, relativas a implantar en Marruecos. Alemania quería hacer de Marruecos un pro­blema internacional.
La solución había sido internacionalizar aquellas cues­tiones que afectaban a intereses económicos generales, y reconocer para todas las demás (Policía, contrabando, etc.) una posición privilegiada a Francia y España...
De Algeciras salió fortalecida la amistad de Francia, Gran Bretaña, Rusia y España. Italia comenzaba a mos­trar frialdad en sus relaciones con Alemania, que sólo había conseguido poner un obstáculo al desarrollo de la acción que Francia había emprendido en el Imperio de Marruecos. Éste continuaría descomponiéndose... No quedaba, pues, en Algeciras liquidada, ni siquiera encau­zada, la cuestión marroquí.»
HERNÁNDEZ DE HERRERA, C.: Acción de España en Marruecos. En GARCÍA NIETO, Bases documentales de la España Contemporánea,Madrid, 1972.

viernes, 4 de enero de 2013

TEXTO: El expediente Picasso


El expediente Picasso


            Se abandona la posición con todos sus elementos, sin órdenes, sin instrucciones, con prisas, sin conocer plan ni dirección, revueltas las fuerzas, confundidas, sin jefes, puede decirse, acosados por el enemigo y sin más idea visible que la de la salvación individual por la huida, vergonzosa en unos, inexplicable en otros y lamentable en todos, siendo inútiles los esfuerzos de unos cuantos para contener esta avalancha, que tan impremeditadamente se había dejado desbordar.

            Es imposible hacer la descripción exacta de este momento de pánico, descrito de tan diversos modos por los diferentes testigos, que de ello no se saca más que una triste impresión de dolor.

jueves, 3 de enero de 2013

TEXTO: El desastre de Annual


El desastre de Annual

«El Rey se hallaba ansioso de un éxito espectacular que le permitiera verse libre de una vez del Parlamento. Los lentos métodos de penetración política en el Rif le impacientaban, y decidióse a dirigir él mismo, por encima del Ministerio de la Guerra, las operaciones. Envió allí a Silvestre, un general de caballería, cuyo estilo brusco y temerario Alfonso XIII admiraba. Silvestre debía marchar al frente de su columna atravesando el Rif, desde Melilla, sobre Alhucemas: unos 64 kilómetros. (...) Pero (...) la columna de Silvestre, que había avanzado sin ninguna precaución, fue copada en Annual por las fuerzas rifeñas de Abd-el-Krim, mucho más reducidas. Hubo diez mil muertos, cuatro mil prisioneros y cayeron en su poder todos los fusiles, ametralladoras, artillería y aviones. Raro fue el que consiguió escapar. El propio general Silvestre se suicidó. Una semana o dos más tarde, la posición fortificada de Monte Arruit tuvo que rendirse. Su guarnición, de unos siete mil hombres, fue exterminada y los oficiales, cargados de cadenas, guardados para el rescate. La misma Melilla se vio a punto de caer. (...) Pero ciertas informaciones no pudieron hacerse públicas: por ejemplo la carta del Rey al (general) Silvestre (...) en la que le ordenaba: «Haz como yo te digo y no hagas ningún caso del Ministro de la Guerra que es un imbécil»».