jueves, 13 de junio de 2013

TEXTO: J. M. Winter. La Primera Guerra Mundial.

"Vivir en París durante la Primera Guerra Mundial era más o menos como vivir en la línea del frente. (...)
Durante la guerra, París era un lugar peligroso para vivir. El problema fundamental eran los bombardeos enemigos. (...) Un segundo peligro era la presencia en la ciudad de talleres y fábricas de armamentos. Cuando se producían accidentes, bloques enteros de apartamentos quedaban reducidos a escombros. (...)
En general, durante la guerra la vida en París era gris y monótona. Se restringía el uso de la iluminación pública y la privada, y había tan poco carbón para la calefacción hogareña que durante mucho tiempo perduró el recuerdo de los inviernos pasados temblando de frío. (...)
Lo único que no se racionaba era la diversión. Tras una suspensión inicial, en 1914, los cines y los teatros fueron abriendo, poco a poco. El Moulin Rouge (...) reabrió sus puertas el 28 de noviembre de 1914, con una serie de actos patrióticos."

J. M. Winter. La Primera Guerra Mundial.

miércoles, 12 de junio de 2013

TEXTO: Carta de un estudiante alemán desde el frente. Enero de 1915.


“Una y otra vez quiero deciros algo: vosotros, que permanecéis en la patria, no olvidéis cuán horrible es la guerra. No dejéis, de rezar. Actuad con seriedad. Abandonad toda superficialidad. Arrojad de teatros y conciertos a los que ríen y bromean mientras sus defensores sufren y se desangran y mueren. De nuevo he vivido durante tres días (del 1 al 4 de enero) la más sangrienta y horrible batalla de la historia, a docientos metros del enemigo, en una trinchera provisional excavada a toda pria. Durante tres días y tres noches han caído granadas y más granadas: etallidos, silbidos, sonidos guturales, gritos y gemidos ¡Malditos aquellos que nos condujeron a esta guerra!”
Carta de un estudiante alemán desde el frente. Enero de 1915.

martes, 11 de junio de 2013

Texto: Bertrand Russell. Autobiografía.


“Durante los calurosos días de finales de julio, yo estaba en Cambridge, discutiendo la situación con todo el mundo. Consideraba imposible creer que Europa estuviese tan loca como para precipitarse a la guerra, pero yo estaba convencido de que, si llegaba a haber guerra, Inglaterra se vería involucrada. Yo deseaba vivamente que Inglaterra permaneciera neutral, para lo que recogí firmas de un amplio número de profesores y compañeros para una declaración que, a tal efecto, apareció en el Manchester Guardian. El día que la guerra fue declarada, casi todos ellos cambiaron de pensar. Eché la tarde paseando por las calles, especialmente en las cercanías de Trafalgar Square, observando a un entusiasmado gentío que me hacía a mí mismo sensible a tales emociones. (...) Yo había supuesto ingenuamente lo que la mayoría de los pacifistas afirmaban: que las guerras eran una imposición de gobiernos despóticos y maquiavélicos sobre una población que las rechazaba. (...)”
Bertrand Russell. Autobiografía.

lunes, 10 de junio de 2013

Texto: Movilización del ejército francés. 2 de agosto de 1914.


“A la nación francesa:
Desde hace algunos días el estado de Europa se ha agravado considerablemente, pese a los esfuerzos de la diplomacia. El horizonte se ha ensombrecido.
En estos momentos, la mayoría de las naciones han movilizado sus fuerzas. Incluso los países protegidos por la neutralidad han creído que era su deber adoptar esta medida a título de precaución (...).
Solícito de su responsabilidad, sintiendo que faltaría a un sagrado deber si dejase las cosas en tal estado, el Gobierno acaba de firmar el decreto que imponen las circunstancias.
La movilización no es la guerra. En las circunstancias actuales, al contrario, se nos aparece como el mejor medio para asegurar una paz honrosa (...).
En este momento no hay partidos; sólo existe la Francia eterna, la Francia pacífica y resuelta, la Francia del derecho y de la justicia, eternamente unida en la calma, la vigilancia y la dignidad.
Firmado por el presidente de la República, Raymond Poincaré, y por el presidente del Consejo, René Viviani, el 2 de agosto de 1914."
Movilización del ejército francés. 2 de agosto de 1914.

viernes, 7 de junio de 2013

Texto: E. Nolte. La crisis del sistema liberal y los movimientos fascistas.


“Si existiese un aparato que midiera la intensidad, la amplitud y la novedad de la emociones colectivas, un indicador no habría subido nunca tanto y tan rápidamente como en lo primeros meses desde el comienzo de la guerra que puso ftin a un período de paz de cuarenta años. Por relatos incontables de testigos presenciales sabemos del entusiasmo que se adueñó de las masas en toda Europa, de la aprobación a veces alegre, a veces ruidosa, o por lo menos decidida, a las medidas de lo gobiernos. Tenemos fotografías de la partida de tropas adornadas con flores, de mujeres ovacionando, de soldados riendo en los vagones de trenes que estaban totalmente cubiertos inscripciones seguras de la victoria (..)”
E. Nolte. La crisis del sistema liberal y los movimientos fascistas.

jueves, 6 de junio de 2013

Texto: Raymond Aron. Un siglo de guerra total.

"Tanto en Francia como en Alemania se esperaba que las batallas serían luchadas y ganadas en unas pocas semanas. Se pensaba que las reservas de equipo y municiones de tiempo de paz bastarían para las necesidades estratégicas que llevarían a la victoria. El resultado en Francia de este notable optimismo fue que, el 15 de septiembre, después de 30 días de operaciones, los stocks estaban medio vacíos y los arsenales disponían sólo de 120.000 proyectiles para cañones de 75 mm. Si en octubre las reservas de tiempo de paz no se hubieran agotado virtualmente al mismo tiempo en ambos lados, la carencia de municionamiento hubiera dado a uno o a Otro la decisión vanamente buscada en el campo de batalla. Durante los dos primeros a ños, los cañones de un calibre fueron abastecidos únicamente a expensas de los de distinto calibre. Hasta 1917 no pudo la producción atender más o menos eficientemente a la demanda del campo de batalla. En lugar de 50.000 empleados, se tomaron 1.600.000 en la fábricas destinadas a la defensa y, a estos obreros, hay que añadir los que en Estados Unidos trabajaban directa o indirectamente en apoyo de los aliados. Los ministros y sus consejeros militares creían que estaban llevando a cabo una guerra «como otra cualquiera», esperando que su desenlace se determinara en una poca batallas de aniquila- miento. En realidad, había entregado a los pueblos de sus naciones a un largo proceso de desgaste."
Raymond Aron. Un siglo de guerra total.