miércoles, 14 de noviembre de 2012

Análisis de la crisis de 1898

Análisis de la crisis de 1898


Fácil no es adelantar que las grietas que iban abriéndose en el sistema tradi­cional se ahondaron hasta producir una especie de seísmo en 1898, es decir, cuando el Estado español pasó por el trance de perder los restos de su imperio colonial. 1898 sirve de punto de referencia, para fijar la crisis que se abre. Crisis que es evidente en lo que se refiere al sistema colonial sobre el que todavía se apoyaba gran parte de la vieja España, de donde procede un «saneado» sector de la acumulación primitiva del capitalismo español; pero también la permanencia de aquellas colonias galvanizaba la “ideología de consolación” que daba una falsa conciencia de dominadores y «civilizadores» cuando en realidad se estaba en una situación marginal a la Europa de entonces.

 La crisis era también el sistema político de la Restauración, en cuanto a él Incumbía la responsabilidad de haber dirigido el país durante un cuarto de siglo. Las catástrofes navales de Cavite y Santiago, el armisticio de agosto de 1898, el tratado de París de diciembre del mismo año, son como el fulminante que transforma la crisis potencial en crisis efectiva y abierta. Dicho de otro modo: la crisis estructural existente (crisis latente, como son siempre las estructurales) se transformaba en crisis abierta, en coyuntura conflictiva, al aplicársele el «detonador» de los acontecimientos de 1898. El 98 marca, pues, un punto de ruptura, sobre todo en dos aspectos esenciales:

a)      El dominio colonial
b)      La hegemonía ideológica de la oligarquía.


He aquí dos hechos históricos que cesarán de tener vigencia a partir de aque­lla coyuntura.


Tuñón de Lara, Manuel (1986): España: la quiebra de 1898, Madrid, SARPE, p. 25‑26

martes, 13 de noviembre de 2012

Sobre Sabino Arana

Sobre Sabino Arana

            En ese contexto –el de los inmediatamente anteriores y posteriores al Desastre- comienza la elaboración delirante del mito nacionalista de una primitiva patria vasca que habría perecido bajo la opresión de la España Imperial, Sabino Arana Goiri, antiguo tradicionalista que guardaba el rencor de una derrota bélica y de una ruina familiar derivada de aquella (la guerra carlista), fue el primer vasco en soñar el sueño melancólico de la resurrección de Euskadi (fue, de hecho, el inventor de Euskadi y de su muerte) y acaso también el primero en intuir confusamente que sólo habiendo  perdido una patria que nunca existió le sería posible curarse de sus humillaciones. Perder para ganar: estrategia revanchista de los que han sido heridos no en la patria sino en el patrimonio.



            JUARISTI, J: El bucle melancólico. Historias de nacionalistas vascos. Espasa Calpe. Madrid, 1997

lunes, 12 de noviembre de 2012

El pensamiento político de Sabino Arana

El pensamiento político de Sabino Arana



[...] el movimiento político fundado por Sabino Arana es una reacción ideológi­ca ultramontana, cuya estrategia se sirve del nacionalismo para aislar al pueblo vasco del cambio de sociedad y así defender las agonizantes estructuras del Antiguo Régimen, amenazadas por las transformaciones que suponía el triunfo del mundo capitalista: liberalismo, socialismo y laicismo.

Monge Juárez, Mariano (2000): El pensamiento político de Sabi­no Arana: la reacción nacionalista, 1892‑1903, Tesis de licenciatura inédita, Universidad de Alacant, p. 14.

viernes, 9 de noviembre de 2012

El sistema político de la Restauración

El sistema político de la Restauración



 [Cánovas] construyó el sistema de la Restauración en la idea del turno de los partidos en el gobierno […]

[El turno] requiere un cierto número de condiciones:

1º Concentración de la mayor parte de las opiniones políticas existentes en dos grandes agrupaciones [ ... ] no pueden quedar al margen grupos importantes de opinión [ ... ] No debe haber más que dos partidos, porque de otro modo la se­cuencia poder‑oposición se alargaría hasta el punto de resultar difícilmente viable [ ... ]
2º La concentración de fuerzas y el turno dependen, por otra parte, de que ambos partidos compartan los valores políticos fundamentales ‑monarquía, constitucionalismo, etc.‑ y que existía una coincidencia en sus planteamientos socia­les ‑capitalismo‑ [ .. ]
     3º El turno requiere, por definición, el falseamiento del sufragio [...]

El mayor de los defectos (del sistema canovista) se encuentra en la Incapaci­dad de reconocer la importancia de los nuevos fenómenos sociales ‑socialismo y nacionalismo‑ y de reflejarla en las instituciones representativas. El falseamiento de las elecciones permitió menospreciar a los sectores de opinión que denuncia­ban los vicios del sistema, lo que no dejó más salida política que la incorporación a las filas del republicanismo, que acabaría siendo la mayor fuerza política de oposición [ .. ]


Artola, Miguel (1985): «El sistema político de la Restauración», La España de la Restauración, Madrid, Editorial Siglo XXI, p. 11 ‑20.

jueves, 8 de noviembre de 2012

El Tratado de Paz de París (10-12-1898)

El Tratado de Paz de París (10-12-1898)

            Art. 1. España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos, los Estados Unidos mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que por el hecho de ocuparla les impone el derecho internacional, para la protección de vidas y haciendas.

            Art. 2. España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo la soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el archipiélago de Las Marianas.

            Art. 3. España cede a los Estados Unidos el archipiélago conocido por las islas Filipinas. Los Estados Unidos pagarán a España la suma de veinte millones de dólares dentro de los tres meses después del canje de ratificaciones del presente tratado.

            Aprobado por el Senado Estadounidense el 6 de febrero de 1899.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Resolución conjunta del Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos (18-4-1898)

Resolución conjunta del Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos
(18-4-1898)

            Considerando que el aborrecible estado de cosas que ha existido en Cuba durante los últimos tres años, en isla tan próxima a nuestro territorio, ha herido el sentimiento moral del pueblo de los Estados Unidos; ha sido un desdoro para la civilización cristiana y ha llegado a un período crítico con la destrucción de un barco de guerra norteamericano y con la muerte de 266 de entre sus oficiales y tripulantes, cuando el buque visitaba amistosamente el puerto de La Habana (…).
           
El Senado y la Cámara de Representantes, reunidas en Congreso, acuerdan:

 
Primero: Que el pueblo de Cuba es y debe ser libre e independiente.

Segundo: Que es deber de los Estados Unidos exigir, y por la presente su gobierno exige, que el gobierno español renuncie inmediatamente a su autoridad y gobierno en Cuba y retire sus fuerzas terrestres y navales de las tierras y los mares de la isla.
Tercero: Que se autoriza al presidente de los Estados Unidos y se le encarga y ordena que utilice todas las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos (…) en el número que sea necesario para llevar a cabo estos acuerdos.

Cuarto: Que los Estados Unidos, por la presente, niegan que tengan ningún deseo ni intención de ejercer jurisdicción ni soberanía, ni intervenir en el gobierno de Cuba, si no es para su pacificación, y afirman su propósito de dejar el dominio y gobierno de la isla al pueblo de esta, una vez realizada dicha pacificación”.