martes, 20 de noviembre de 2012

La educación durante la Restauración.

La educación
Tras el Sexenio Democrático, un período en el que había existido una amplia libertad de cátedra en las universidades, la Restauración significó el establecimiento de una rígida censura contra cualquier manifestación contra la monarquía y el dogma católico. El choque con parte del profesorado  fue inmediato, algunos dimitieron de sus cargos, otros fueron cesados.
Giner de los Ríos, uno de estos catedráticos, fundó la Institución Libre de Enseñanzaen 1876, como centro privado y laico. La Institución, heredera de los postulados del krausismo, introdujo en España una pedagogía de vanguardia que buscaba la formación integral del individuo en plena libertad y mediante el fomento de la curiosidad científica, el antidogmatismo y la actitud crítica.
La Institución Libre de Enseñanza fue una excepción. Lo que predominó durante la Restauración fue la enseñanza tradicional, basada en métodos anticuados y poco críticos, y sometida a la vigilancia de la Iglesia Católica. Más de  50.000 religiosos y religiosas se dedicaban a la enseñanza, sobre todo en la educación primaria donde apenas intervenía el estado.
La enseñanza secundaria se circunscribía a 50 institutos en toda España, destinados a los hijos de las familias más ricas.
Esta situación del sistema educativo provocó un gran atraso en el desarrollo científico y la investigación. A la falta de apoyos materiales de las instituciones públicas y privadas se vino a añadir una mentalidad atrasada y tradicional en las clases dirigentes del país. Un buen ejemplo fue la polémica creada ante las teorías de Darwin y su condena por parte de la Iglesia.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sociedad y mentalidad en la Restauración.

Sociedad y mentalidad
La sociedad de la España de la Restauración ha sido caracterizada como una sociedad dual en la que convivían dos mundos muy diferenciados:
  • Un inmenso interior agrario con formas de vida y subsistencia muy atrasadas.
  • Unas pocas zonas industrializadas donde se abría poco a poco paso unasociedad moderna. Estas zonas se ubicaban preferentemente en la periferia, con la excepción de Madrid.
Entre ambas sociedades había una relación bastante débil. Muchas comarcas del interior vivían en un gran aislamiento.
En general, nos hallamos ante una sociedad en la que pobreza está muy extendida. Las bajísimas rentas de la mayor parte de la población impedían el consumo y el ahorro, dificultando el desarrollo industrial y la modernización social.
El bloque de poder lo formaba una oligarquía burguesa que formaba el triángulo de lossiderúrgicos vascos, los empresarios textiles catalanes y los cerealistas castellanos.
La sociedad en el medio agrario.
Durante el período de la Restauración, en el medio rural se podían distinguir estos grupos sociales:
Una pudiente oligarquía agraria, predominante en las dos Castillas, Extremadura y Andalucía.
Clases medias bajas, formadas por medianos propietarios, arrendatarios y aparceros.
Campesinos sin tierra, jornaleros o braceros, que sufren una situación de parointermitente y que reciben muy bajos salarios. Con este proletariado se confunden los pequeños propietarios empobrecidos. Esta amplia masa de población sufre una situación caracterizada por la alimentación deficiente, las carencias sanitarias y higiénicas y la falta de una cultura elemental con unas tasas enormes de analfabetismo.
Esta estructura social permite comprender que periódicamente hubiera estallidos sociales violentos, duramente reprimidos por las autoridades.
La sociedad en el medio urbano.
El lento desarrollo minero e industrial propició la lenta aparición de una sociedad más modernizada en determinadas zonas del país.
En el País Vasco con preponderancia de la industria siderúrgica y la banca más próspera del país.
En Cataluña, cuya industria textil del algodón suponía el 90% de la oferta industrial española. La burguesía catalana había basado su éxito económico, además de en su empuje y dinamismo empresarial, en el proteccionismo del gobierno de la nación que le permitió prosperar sin tener que hacer frente a la competencia exterior.
Junto a la alta burguesía industrial y financiera, en las ciudades encontramos una compleja estructura social:
Una heterogénea clase media entre la que, junto a los principales defensores de las posturas democráticas y republicanas, encontramos una amplia masa apolítica, apegada a los hábitos tradicionales, con un gran temor a cualquier tipo de cambio y fuertemente influenciada por la Iglesia.
Entre las clases trabajadoras debemos distinguir una masa mayoritaria de artesanos, ligados a empleos tradicionales, y un creciente número de obreros que, poco a poco, comienzan a organizarse política y sindicalmente.

viernes, 16 de noviembre de 2012

TEXTO: Joaquín Costa. Despensa y escuela

(...) "Contener el movimiento de retroceso y africanización absoluta y relativa que nos arrastra cada vez más lejos, fuera de la órbita en que gira y se desenvuelve la civilización europea; llevar a cabo una total refundición del Estado español sobre el patrón europeo, que nos ha dado la historia y a cuyo empuje hemos sucumbido(...) o, dicho de otro modo, fundar improvisadamente en la Península una España nueva, es decir, una España rica y que coma, una España culta y que piense, una España libre y que gobierne(...)

jueves, 15 de noviembre de 2012

Sobre la crisis de 1898

Sobre la crisis de 1898



Entre la emancipación de los grandes Virreinatos americanos y el 98, la Monarquía española estuvo integrada por el territorio peninsular y por un amplio conjunto de islas y enclaves repartidos por zonas distintas y distantes entre sí.

Si se relaciona la debilidad del Estado ‑apenas industrializado y escasamente modernizado‑ con la dispersión de sus territorios, no debe extrañar que su posición internacional fuese muy insegura. España se veía implicada en, al menos, tres grandes problemas internacionales. Primero, el del estrecho de Gibraltar, donde competían Francia e Inglaterra; luego, el de las Antillas, donde los anglo‑franceses no podían frenar la expansión norteamericana y por, último, el del Pacífico, donde todas las potencias competían por sus ricos mercados.

A la hora de hacer frente a esos problemas, la iniciativa española quedaba condicionada por la política de tres poderosos vecinos: en Europa, Francia e Inglaterra; en América, Estado Unidos. Para Europa, los gobernantes españoles habían acuñado el principio: “Cuando Francia e Inglaterra marchen juntas, seguirlas; cuando no, abstenerse”. Para el Caribe habían confiado en la fuerza de la determinación franco‑británica de mantener el statu quo. Pero, a ‑fines del siglo XIX, ni Francia e Inglaterra marchaban juntas, ni parecían dispuestas a frenar a Estados Unidos en el Caribe.

El régimen de la Restauración no había sido capaz de proporcionar a España una posición Internacional más firme. Ni Cánovas ni Sagasta fueron capaces de sustraer la política exterior a una muy difícil relación con la III República. [ ... ]

Tanto conservadores como liberales cometieron un grave error: no percibieron el sentido de la transformación del sistema internacional y de la vinculación entre los problemas europeos y los problemas coloniales. No analizaron correctamente los intereses y las tendencias de las grandes potencias; siguieron confiando en que la defensa del principio monárquico podría proporcionarles apoyos internacionales en los momentos de peligro.




Torre del Río, Rosario de la (1998): «A merced del huracán», La aventura de la historia, núm. 2, p. 90‑9 1.